Espiral de Saraswati

domingo, 17 de julio de 2011

BLOG NARRADORAS ARGENTINAS DE María Teresa Andruetto

Reproduzco la última entrega publicada en el blog de María Teresa Andruetto                 

       http://narradorasargentinas.blogspot.com

 

¿Por qué Narradoras Argentinas?

He creado este blog con el propósito de ir subiendo, mis columnas sobre NARRADORAS ARGENTINAS escritas para el Suplemento Señales, del Diario La Capital (Rosario, Argentina), las cuales saldrán el cuarto domingo de cada mes.*
En esas columnas repaso, reviso o rescato, vida y obra de escritoras argentinas de todos los tiempos, en el deseo de mostrar la fecunda diversidad de voces, posturas y estéticas de las mujeres de mi país.
M. T. Andruetto

*Las columnas de NARRADORAS ARGENTINAS fueron escritas primero para el suplemento cultural del diario La Voz del Interior, y a partir del 23 de mayo de 2010 para el Suplemento Señales, del Diario La Capital (Rosario, Argentina).


para más información y enlaces sobre narradoras argentinas ir http://www.teresaandruetto.com.ar/narradoras.htm

 

 

lunes 11 de julio de 2011


Hay una nena que gira /IRMA VEROLIN

Las pérdidas familiares, el sentimiento de orfandad no ya como tema sino como una espiritualidad que se instala, han construido el sello de agua de Irma Verolín, un tono inconfundible que ella vincula con el ritmo de la respiración corporal. La disyuntiva en arte es siempre qué se mantiene y qué se innova y en esa línea delgada nos movemos, dice esta escritora que fue Premio Fondo Nacional de las Artes en los años ochenta y Premio Emecé en los primeros noventa y que después de años de silencio, vuelve a publicar con toda vitalidad.


Nació en Buenos Aires, en 1953, donde reside actualmente. Estudió Letras en la UBA, en talleres de escritura y de modo autodidacta, publicó tres libros de cuentos: Hay una nena que gira (Torres Agüero, 1988, Premio Fondo Nacional de las Artes), La escalera en el patio gris (Primer premio de escritores patagónicos. Ediciones Último Reino,1997), Una luz que encandila (Premio Ciudad de El Colorado, Formosa, 2010) y una novela: El puño del tiempo (Emecé, 1994) y para niños y jóvenes La gata sobre el teclado (Aguilar/ Alfaguara, 1997), La lluvia sobre el mundo (El Ateneo, 1998), La fantástica familia Fursatti ( Métodos 1989), El misterio del loro (Braga, 1993 ) y La casa del cedro azul (con Olga Monkman, Métodos, 1992), entre otros. Ha escrito también la novela El camino de las araucarias con la que obtuvo el Primer Premio Internacional de Novela Mercosur, que permanece inédita. Obtuvo, entre otras distinciones, Premio Fondo Nacional de las Artes/1987, Premio Emecé/1994 por El puño del tiempo, Primer Premio de Encuentro de Escritores patagónicos, Tercer Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires/ bienio 1994-95, Primer Premio Municipal Eduardo Mallea, Primer Premio Internacional de Puerto Rico Fundación Luis Palés Matos, Primer Premio Internacional de Cuento Horacio Silvestre Quiroga, Beca a la Creación Artística del Fondo Nacional de las Artes y finalista Premio La Nación de Novela y Premio Planeta Argentina. Sus cuentos integran numerosas publicaciones virtuales y antologías, entre ellas la reciente Mi madre sobre todo (Marta Ortiz y Gloria Lenardón, Ediciones Librería Ross, 2010). Es Maestra de Reiki, autora de ensayos literarios y de trabajos sobre autoconocimiento, apertura de la conciencia y calidad de vida.

Se dijo de ella:Irma Verolín ha escrito un contratexto que es el habla y la escritura de las mujeres. Exige borrar el discurso prestado, a esta escritura hay que reconocerla, hay que desmenuzarla e integrarla a las voces altisonantes de los que restallan en la superficie social y de los que ya son dueños de la palabra y bajan línea. Ella ha revisado su propia vida y se puso el espejo de las vidas de todas las mujeres de su historia personal. Y para hacer esto, naturalmente, se necesita audacia. Libertad Demitrópulos. Presentación de Hay una nena que gira, Liberarte. Buenos Aires, 1988.

La literatura de Irma Verolín camino por el filo preciso de un cuchillo que separa la realidad de la ficción. Por ese motivo, podemos afirmar que se trata de una literatura autorreferencial, con los procesos de ficcionalización necesarios para presentarnos sus creaciones como pequeñas confesiones dichas en voz baja. El uso de la primera persona –frecuente en su universo literario- convence al lector para pactar con la magia de la historia narrada, y lo instala en el centro de los acontecimientos.
Enrique Solinas. http://elincendio.blogspot.com/

Ella dijo:Me crié en un barrio, Floresta, en el que la cultura no era muy cotidiana. La cultura era el tango, la televisión no ocupaba el primer puesto en la casa. Pero yo tenía una actriz que apareció en medio de esa especie de suburbio y vino de no sé dónde y me llevó al teatro. Y yo de golpe como las mujeres del tango, aparecí en el centro de Buenos Aires entre los bastidores del teatro San Martín. Los primeros textos que percibí fueron textos que me llegaron oralmente, los grandes textos: Lorca, Chejov, Ibsen y mucho del grotesco criollo. Toda esa lírica del gran teatro yo la mezclaba con el barrio, la señora con ruleros. Entrevista con Canela. Centro Cultural Recoleta, 1 de octubre de 1994.

La palabra tradicionalmente está peleada con el camino espiritual porque la experiencia espiritual no se puede traducir mediante el lenguaje, es como afirmaban los místicos medievales, intransferible….He ido y venido desde la palabra al silencio y viceversa montones de veces. .. El camino espiritual, además de modificar mi visión del mundo, me replantea constantemente el valor de la palabra en una sociedad donde la palabra se malgasta y se vende muy barata, como se ve en la publicidad y la política que son dos actividades -emblema del poder mundano. En la literatura, lo sabemos, la palabra tiene otro lugar, está más cercana al silencio, allí debe ser cuidada y elegida, en este sentido lo espiritual me ayuda a no desbordarme, a encontrar la vibración más cierta, el tono más cercano a lo que quiero expresar. Diciembre 2010. Teleconferencia con Dr. Rebeca Ulland /University in Marquette, Michigan, U.S.A

La Noche Inmensa


La luz de la tarde se había ido achicando hacia atrás y hacia abajo, como si algo muy desde el fondo se la hubiese tragado. Poco a poco y, al parecer, medio mordida por el fondo, se había aferrado a un azul, a un lila, hasta convertirse en noche.
Ahora, por fin, yo estaba en mi pieza, cerca de la ventana con las cortinas descorridas, mirando detenidamente la noche que, sin lugar a dudas, era inmensa. Nadie pero nadie me hubiera podido quitar la idea de que la noche era más grande que no sé qué. Estaba totalmente segura de que, más allá de cada uno de los cuatro lados de la ventana, la noche, con su tamaño descomunal, continuaba. Tenía la certeza de que nunca podría terminarse en los costados de aquel rectángulo porque, además, había aprendido que las cosas oscuras tienen la costumbre de confundirse con su sombra, razón por la cual la sombra acaba finalmente confundiéndose con ellas. También sabía que la sombra de la sombra se confunde con la sombra. Y así hasta el cansancio.
De modo que, aunque pobremente reducida a un rectángulo, la noche se presentaba frente a mí y, allá adelante, al mirarla, me encontraba: en el vidrio oscurecido aparecía el reflejo de mi cara, redonda, alegre, con sus grandes ojos. De pronto, en el comedor, sonó el teléfono. Giré la cabeza. Entonces me quedé mirando el picaporte de la puerta con mucha atención. Brillaba. Era de bronce y brillaba con lujo y alarde. Yo seguía mirándolo cuando fue presionado y entró la abuela. Ella tenía los ojos enrojecidos; estuvo apoyada contra el marco de la puerta durante un rato. Luego espiró el rectángulo de la ventana y, ahí mismo, en ese preciso instante, me pareció que los ojos se le caían de la cara. Quizá se le cayeron porque bajó de repente la cabeza y ya no pude vérselos. En seguida dijo:
Tu mamá se fue al cielo.
Sin levantar la cabeza, la abuela salió. La puerta, al cerrarse, produjo un ruido seco, feo. Volví a mirar la ventana. Contemplé la sombra de la sombra de la sombra de la noche mientras la chica de cara redonda y ojos grandes me miraba a mí. No era fácil entender qué había querido decirme la abuela. Y, a lo mejor, entre otras cosas, para averiguar si aún estaban los ojos en su cara, le pedí con voz bien fuerte para que me escuchara:
Abuela, abuela, traéme un vaso de agua. Tengo sed.
Como la abuela no vino yo pensé que se la había tragado el fondo que había convertido la tarde en noche. O que andaría por allí, entre el desparramo de sombras, preocupadísima, buscando sus ojos.
http://www.ficticia.com/cuentos/iveronilnocheinmensa.html

Más sobre Irma Verolín en
 http://bibliotecavirtualmie.blogspot.com/2010/08/verolin-irma.html
y en su blog
 http://espiraldesaraswati.blogspot.com/

 

miércoles, 6 de julio de 2011

MI MADRE SOBRE TODO- Antología de relatos


A continuación transcribo la reseña escrita por Beatriz Vignoli y que se publicó  el 6 de julio de 2011 en el diario Página 12 de la ciudad de Buenos Aires.


CULTURA / ESPECTACULOS › LITERATURA. MI MADRE SOBRE TODO, DOCE RELATOS DE FICCION, AUTOBIOGRAFIA Y ENSAYO
El cuento contado una y otra vez
Marta Ortíz y Gloria Lenardón son las compiladoras de estas narraciones que publicó Editorial Fundación Ross, y que convocó a autores capaces de abordar "lo almodovariano" y por eso, de "salirse del estereotipo de la santa viejecita".

  Por Beatriz Vignoli

En un juego de palabras con el título de la película española que Pedro Almodóvar dirigió en 1999 (Todo sobre mi madre), Editorial Fundación Ross abrió a fines del año pasado su colección Narrativas Contemporáneas con una antología que promete bastante, si no todo, sobre el tema fundante por excelencia: Mi madre sobre todo. Bajo ese título común (al que un exceso de asociación libre podría hacer pensar que acaso evoque también con ironía la tristemente célebre consigna totalitaria Deutschland über alles), las compiladoras Marta Ortiz y Gloria Lenardón, quien se ocupó de producir y editar para la misma editorial un libro por las Madres de Plaza de Mayo, reunieron doce relatos de ficción, autobiografía y ensayo, pero principalmente cuento. Las sugerentes fotografías de Cecilia Lenardón, quien también creó la imagen de tapa y contratapa del siguiente título de la colección, El río en catorce cuentos, prometen una selección de textos, reunidos a pedido, que transitarán registros entre lo lúdico y lo siniestro. "Algunas cosas sí sabíamos que existían, y otros textos fueron escritos a pedido, como el de Barquero, que es un excelente texto", relató a Rosario/12 la compiladora Marta Ortiz, quien reafirma la intención expresada en el prólogo de buscar autores capaces de lo "almodovariano" y de "salirse del estereotipo de la santa viejecita".

"Madre hay una sola, y justo tenía que tocarme a mí", es el chiste que reconstruye y descontractura Angélica Gorodischer en la única pieza cómica de la antología, un ingenioso y chispeante monólogo perfectamente digno de la gran comedia stand up, donde baja línea feminista de vanguardia en tono alegre, aunque con un trasfondo amargo de reproche de hija contra una madre desatenta. "Madre no hay una sola", concluye la escritora luego de saquear el diccionario y toparse con tópicos como "la madre del vino". "Me gustaría poder decirte que la Madre del Vino es una señora rubicunda, sana, fuerte, redonda, risueña, que tiene una viña, que pisa la uva en el lagar, que prueba todo su vino antes de verterlo y sellarlo en botellas de vidrio azul...".
Por alguna razón (razón que tal vez les toque descifrar a los psicoanalistas), en los textos más autobiográficos o en los mejores del libro prevalece la escritura en torrente, como si para tocar el tema de la madre hubiera que hacer fluir la palabra sin puntuación. Así, en Visitas de 15 a 17, Jorge Barquero recopila los dichos maternos a la vez que reconstruye la experiencia de visitar a la madre en el geriátrico, experimentando con un estilo desbordado y alucinado que maneja con notable control. Nada en el relato parece sugerir que éste no sea una ficción, pero sin embargo el texto se diferencia del estilo más contenido y conciso de las ficciones del autor de Una fosa bajo los cipreses.
Similar velocidad adquiere cerca del final la epifanía con que culmina Tu madre bajo la nevada sin mirar atrás, un hermoso cuento en prosa poética perteneciente al libro El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) del escritor rosarino radicado en Barcelona Patricio Pron, quien logra entregar algo esencial que es inherente al vínculo entre una madre y su hijo: "y recordarás que en aquel momento pensaste que tu madre y vos tenían un arreglo y que ese arreglo consistía en que ninguno dejaría morir al otro mientras viviera, no importa qué sucediera, y te sentiste dichoso...".
Es de otra índole, mediada literalmente por la escritura, la intensidad afectiva de Como si fuera hoy, una crónica autorreferente de Osvaldo Aguirre, que también se deja leer como cuento y que evoca el amor filial al modo en que según Freud lo expresaba Leonardo Da Vinci: si éste era preciso hasta la exasperación en el inventario de cosas para el funeral de su madre, Aguirre se acerca a su madre viva que está escribiendo, y ella, "que jamás tenía errores", le da a corregir sus textos al hijo.
Pron trata algo que será recurrente en todo el libro: la pregunta por la madre como mujer, más allá o más acá de su función donde la feminidad queda reprimida. La respuesta que da el cuento negro de Mempo Giardinelli es cómica en su crudeza, y coquetea con el gótico al igual que las ficciones breves de Oliverio Coelho y Liliana Heer, que lo cultivan en sus versiones más claustrofóbicas: Coelho se mete de lleno con el Mal con eme mayúscula, mientras que Heer enhebra musicalmente una saga familiar.
María Teresa Andruetto e Irma Verolín trabajan con delicadeza y misterio en sus ficciones las difíciles y frágiles relaciones familiares, recurriendo a la teoría del iceberg de Hemingway que deja a la historia sumergirse bajo la superficie del relato. Guillermo Saccomano rescata al ícono materno argentino por excelencia en su relación benefactora con una madre viuda; Luisa Valenzuela es psicoanalítica a la letra en un relato mitad ficción confesional, mitad poema, mientras que Susana Szwarc recurre al teatro con una técnica magistral de cajas chinas para incrustar relatos dentro del relato que se vuelven infinitos como juegos infantiles, como el cuento materno contado una y otra vez.


                      

viernes, 20 de mayo de 2011

IRMA VEROLÍN: Textos

Hace ya unos cuantos años después de un largo tiempo de silencio en el ashram de Puttaparthi en el sur de la India, escribí esta serie de textos vinculados a la intensa y transformadora vivencia de la cultura hinduísta. 

  Escrito a orillas del río Chitravati

La calle
   Le señalé la luna y le dije: “The moon”. Y la niña, señalando como yo la luna, con una hermosa pronunciación en telugu, dijo: “Chandravati”. Entonces me sonrió; tenía todos los dientes cariados. Su madre los tuvo igual. Y su abuela, y su bisabuela también.
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    El hombre sin piernas cruza la calle. La vaca, que va adelante, es un torpe lazarillo, pero el hombre la prefiere a cualquier perro, porque para el hombre los perros son algo así como cucarachas o peor todavía. El hombre sin piernas haría cualquier cosa por su vaca. La vaca no lo sabe. Yo camino unos pasos y entro en el templo. Coloco mi frente contra el piso. Respiro hondo y le agradezco a Dios infinitamente no haber nacido perro en este lugar.
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    La señora caminaba con su vaca por la calle principal del pueblo. El ruedo de su sari blanco iba levantando polvo. No sé por qué me recordó a un cortejo fúnebre, a una novia caminando hacia el altar, a la alumna abanderada con las dos escoltas portando la bandera patria. Pero en la mujer había algo más. La frente alta, los pies sucios, esos ojos que no he visto en ninguna parte del mundo y un diminuto brazalete brillante que ahogaba su muñeca y resplandecía entre las estrellas y el otro de los elefantes.
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      El cielo es tan liviano, pero tan liviano, que se desvanece. Un gran agujero blanco se abre sobre nosotros, es casi una excusa para que aparezcan los astros. Bajo un cielo  así la tierra tiene un peso increíble que nos recuerda a los dinosaurios.
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     El hombre miró toda la tarde a su flaca vaca gris. La vaca parecía no estar mirando nada. Más bien daba la impresión de que se aburría. Después llovió. Nunca llovía por aquellos sitios. Y hubo que enterrar a la vaca.
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   El ruido de la bicicleta al andar por el camino de tierra se parece al de los cascabeles de la vaca. A la vaca no le gustan las bicicletas, se le nota en la mirada, pero el muchacho que pedalea tiene los ojos grandes, más grandes todavía que los del hombre del turbante rojo y entona una canción en telugu, con la misma devoción con que en mi patria cantamos el Himno Nacional.
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      De repente los cuervos ennegrecieron un cielo de tiza mientras yo recorría con mis dedos los bordes de una pendiente de color marrón, de un marrón que no era el de la tierra ni el de mis ojos, era el marrón de los pozos profundos al mediodía.
     Sí, los cuervos hicieron una sombra muy grande y entonces el mundo quedó boca abajo.
                                          ***********

     La muchacha hindú me sigue a lo largo de toda la pared. Hay un interminable muro grisáceo allá adelante. Alguien barre, levanta sin cesar polvillo del suelo hasta llenar el paisaje de niebla. Atrás, la mujer con sus dos cobras en una canasta y un tachito vacío. No estoy sola, lo sé. No estoy sola, vuelvo a repetirme y un lamparón se estrella en mi frente y me llena de luz.
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    Un vestido sucio en un mundo limpio. Un vestido limpio en un mundo sucio. He allí la cuestión.


El palacio
    Hago castillos con mi imaginación. Brotan desde un sitio desconocido y se mantienen en perfecto equilibrio en ese minúsculo espacio de mi cabeza mil veces más pequeño que un lunar. Y adentro de los castillos no pongo nada.
                                                      *****

   Entré descalza en el palacio  como quien entra en el baño o se mete en su cama. Se abrieron puertas y puertas y puertas. El brillo perseguía las ventanas y los espejos eran siempre demasiado pequeños. Entonces me vi obligada a decir mi nombre muchas veces. Muchas, muchas, muchísimas veces.
                                                *******

   Yo caminaba entre turistas en el palacio más grande del mundo. Apareció un chico harapiento y preguntó mi nombre. Se lo dije. Luego vino otro y me preguntó lo mismo. Después una muchacha delgada de ojos negros. Dije mi nombre por tres veces rodeada de cristales y puertas de nácar y molduras doradas. Ahora me parece mentira que mi nombre de princesa fuese dicho tres veces sobre pisos de mármol donde mis pies podían reflejarse.
                                           *********

   Hace mil años, cuando estuve aquí, el sol era un poco más grande, apenas un poco. Y no estaban los palacios. Pero las vacas tenían el mismo color ceniciento que tienen ahora.
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   Yo venía avanzando desde el otro lado del palacio hacia mí. Alguien me seguía desesperadamente. Quise que el palacio se derrumbara. Pero no tuve suerte: no se derrumbó. Vi mi espalda, mi larga melena reflejada en los espejos. Vi muchos espejos, muchas espaldas, larguísimas melenas. Y yo corriendo detrás de mí, siempre corriendo.
                     


   El ashram
     Del otro lado de esta pared está el mundo. Llegan hasta aquí ruidos muy fuertes. Todos los días el sol avanza desde allá. Queda un instante en alto, digamos que se mantiene dificultosamente sobre el borde filoso de la pared. Entonces ya no hay ninguna sombra y los ruidos se aletargan como si cayeran arriba de un colchón. Después el sol se pierde del otro lado.
   Durante la noche la pared tiene un tono muy oscuro, parece un gran animal muerto, Y no hay nada que hacerle, nadie se arriesga a atravesarla. A veces, se me ocurre, que esa pared es delgada y hasta transparente como la tela de aquel vestido que una vez estrené.
                                                *******

   Quise resguardarme bajo los árboles inmensos. Yo escribía. Y pasó una mujer. Era una mujer flaquísima y encorvada. Miró mis ojos, espió mi lapicera y extendió su pequeña mano sucia como si me ofreciera una flor.
                                              *******

   Era la más grande, la más gorda todas nosotras. Se la llevaron esta mañana. Alguien la tomó del brazo, alguien la empujó un poco. Intentaron hablarle, pero no conocían su idioma. Todo fue igual que al principio, ni siquiera había adelgazado, Sólo que ahora la valija era más liviana. El cielo se había encapotado allá afuera cuando la vimos caminar descalza, cuando la empujaron, cuando quisieron convencerla de que cruzara la puerta, ese agujero de luz que siempre vemos desde aquí.
                                            *******

     Yo quería escuchar aquella música de la que me habían hablado. Por eso subí las escaleras despacio, con mis piernas flacas. Otros pasos resonaban arriba, abajo. Y la luz venía por los costados, cegadora, blanca. La escalera era interminable y también blanca. Subí y subí. Una mano tocó mi cabeza, de pronto. De pronto la música comenzó a sonar. Era una escalera muy larga, muy blanca.
                                           ********

    Una mujer que no habla mi idioma, llora a mi lado. Es una mujer de trenza muy larga y cabello renegrido. Cuando quite las manos de su cara le veré el rostro. Veré sus ojos. Sé que son negros, sé que tiene un punto oscuro en medio de la frente. Sé que ella no se llama María ni Juana ni sabe reza el Padre Nuestro. Los pies llenos de anillos se asoman por el borde de su vestido de seda. Imagino su pequeña casa penumbrosa, su casa de muñecas sin pintar y la veo entrando, con sus pies ásperos sobre el suelo áspero sin ningún pensamiento, vacía, blanca, llena de luz con su estómago vacío.
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  La mujer estaba vestida de blanco y me dejó entrar en su casa. Olía a perfume, condimentos y flores secas. Después nos quitamos los zapatos y ella encendió unas velas Cantó, cantó y cantó. Cantó sin que en su vestido se moviera un solo pliegue. Después puso su mano derecha muy cerca de la llama de la vela para apoyarla enseguida sobre mi cabeza. Después, muy cerca, escuchamos la voz de los cuervos.
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   Ella enhebra un hilo verde en una pequeña caja de plástico. Es de un verde muy verde, que hace juego con los tonos de su sari. Los ojos le tiemblan en la cara y, entre sus dedos, el hilo verde se desliza con la suavidad del vuelo de los pájaros.
                                              *********

   A la mañana temprano, entre la niebla, ya están las mujeres inclinadas sobre sus escobillas. El polvo al alzarse desde la tierra se mezcla con el aire blanqueado y opaco y las siluetas de las mujeres pierden nitidez. Sólo el cuchicheo de las escobillas y sus voces frágiles y polvorientas que barren, barren, barren las últimas penumbras, la sombra de los cuervos y de la noche.



[1] Río que se encuentra en el sur de la India en el pueblo de Puttaparthi.

miércoles, 27 de abril de 2011

"EN LA RESACA": NOVELA DE JOSÉ GABRIEL CEBALLOS



  Leer “En la resaca” es sumergirse en un mundo en el que los personajes marcan el tempo y el ritmo de la novela. Y  cada personaje está allí como expuesto en un contexto que de pronto lo ilumina, le da su oportunidad de resplandecer para que,  en otra instancia,  esa luz siga su curso hacia otro personaje que encuentra su momento hasta que este también concluye. Hay una mirada que los recorre, precisa, un tanto implacable,  a veces con un rasgo levemente irónico. La voz que narra nos va llevando de la mano y nos acerca al pequeño mundo de  estos personajes convirtiéndonos en espías de eso que nos atrapa y también en cómplices de la voz de este narrador, que es un poco testigo y otro poco delator.
    En el trazado de  los personajes se pueden detectar varias líneas estéticas que son justamente las que –a mi criterio- caracterizan la prosa estilística en la obra de Ceballos. Hay un perfil rioplatense que se entronca en el grotesco criollo, cierto matiz del sainete, algún rasgo absurdo o ridículo asoma por allí entre el ropaje de estos  seres singulares. Sin embargo en la elección de sus nombres y en el  tono de algunas descripciones es detectable la tradición del realismo mágico. Estas dos líneas, cuya integración constituye un acierto literario,  se mixturan de tanto en tanto con el tono borgeano, se trata de esa ironía tan típica que encontramos especialmente en obras anteriores de Ceballos. Es una ironía solapada, contenida o mesurada que muestra un modo peculiar de ver el mundo. Quizá por eso los personajes se nos vuelven tan atrayentes.
       Este abanico de personajes juega su diversidad de roles en espacios comprendidos en un lugar llamado Fulgor, una ciudad de provincia,  son espacios que se  sitúan en distintos niveles  entre los que podríamos distinguir el que se encuentra  ajeno al mundo y, por lo tanto,  también fuera de la cotidianeidad del relato, enfatizado en el título de varios capítulos “Bajo la tierra” y luego, el de la interioridad de los seres que lo habitan, consideremos que la ensoñación provocada por un químico o la experiencia onírica forma parte de esta interioridad.
   “En la resaca” no es una novela fácil de abordar. Detrás de la aparente sencillez hay una trama compleja, un hilado sutil que  despliega gran profundidad y dado que eso es lo más difícil de lograr en términos de contar historias en el plano de lo literario, esta novela nos invita a entrar en un camino de indagación permanente.
    Desde el vamos no deja de llamar la atención que su título aluda al concepto de lo oscuro, lo denso, lo turbio, lo pesado: la resaca,  y que el nombre de la ciudad  se vincule a la luminosidad y resplandecencia. Ahora  bien, si tomamos en cuenta la  otra acepción de resaca entendida como movimiento, todo lo que ocurre en la novela alcanza diversas significaciones. Con lo primero que nos topamos en tanto originalidad es que en esta especie de subgénero que es el de la novela que aborda el tema de la  última dictadura militar argentina, Ceballos no cae en la clásica dicotomía, en el maniqueísmo,  aquí la oscuridad y lo que resplandece  permiten todo el tiempo su juego de filtraciones, entrelazamientos, impregnaciones de uno y otro perfil.
    No bien nos involucramos en la lectura,  el lenguaje depurado, la impecabilidad  y precisión en la descripción de lugares y personajes  actúa a la manera de un telón de fondo que encubre esa opacidad encerrada en  el título de la novela. De algún modo el nombre escogido para esta ciudad de provincia inventada, rasgo típico de la tradición del realismo mágico, es un gesto irónico. El fulgor está únicamente en el nombre, el resto, la ciudad entera y sus habitantes responden a las características de la resaca. La historia es atrapante y está sostenida por una intriga que va en crescendo, pero  de inmediato surge la pregunta: quién cuenta esta historia. ¿Quién narra aquí? Ante todo no estamos frente al narrador monumental de la novela clásica, el que todo lo sabe, el incuestionable.  En esta novela el narrador se acerca y se aleja de los personajes, se va desplazando; a veces los personajes son enfocados o mirados desde la perspectiva de otro personaje, eso le da movimiento y versatilidad al texto.   Cada personaje va surgiendo  después de ser nombrado como en un escenario teatral. El nombre no  es un título, no  responde a la grafía de un guión que abre el diálogo y le otorga la palabra o la voz a otro que no es el narrador. Al principio se tiene la impresión de que los personajes están en un escenario y la luz va cayendo sobre cada uno de ellos. A medida que el relato avanza esos personajes son iluminados de a poco con mayor intensidad en un movimiento que va hacia atrás en el tiempo y hacia  lo profundo en el espacio de la interioridad. La mirada sobre cada uno de estos personajes  se expresa con un tono conciso y un dejo de burla y a la vez de contenida compasión. Ahora bien, la característica de este narrador es su capacidad de migrar,  de desdoblarse. Este narrador maleable le da  lugar a una suerte de voz de la conciencia  que, de tanto en tanto, replica y ahonda en el mundo interno de algunos personajes. No podría  considerarse que esa es la voz del narrador, oficia más bien de otro personaje dentro de la novela. Todos estos recursos enriquecen notablemente la escritura. En su desplazamiento esta voz del narrador se desliza tenuemente  hacia un lenguaje legal,  su discurso se va asemejando al de un pesquisante, en este sentido la voz del narrador se modula y cambia a medida que el foco se acerca a distintos personajes, podría afirmarse que esta voz mutante se ve afectada por el halo de los personajes. Y al mismo tiempo en otros momentos este particular narrador da la sensación de que la trayectoria de su mirada  estuviese amarrada a una cámara  filmadora que se encuentra en movimiento.
    Estos personajes, a veces patéticos, conmovedores, desolados, se mueven en una serie de  ámbitos: La radio, el hotel  La Bienvenida”, la plaza,   el ingenio abandonado que es un lugar determinante en el desenlace de los hechos, remarcado por el título reiterado de “Bajo la tierra”  seguido por los números uno, dos, tres, cuatro y los ambientes donde estos personajes viven. Pero existe otro espacio no menos importante: la interioridad de los personajes y en esa interioridad  están sus sueños desplegados en la noche a través del relato en un programa de radio. Aunque también podría incluirse otro espacio, el de la virtualidad, la televisión en tanto representación del mundo de afuera. La radio muestra el espacio interior de los personajes, perceptible también a través de sus evocaciones, pensamientos y elucubraciones. Esta interioridad es el espacio más determinante de la novela,  de la misma forma en que lo es el del ingenio abandonado, ya que es aquí donde ocurre lo relevante. Estos dos espacios digamos interiores, digamos entonces, espacios ocultos,  son espacios bloqueados para el afuera que de pronto implosionan.  Esencialmente “En la resaca” es una novela de espacios cerrados, una o dos veces  alude a Buenos Aires, se dice “la capital”, pero de esta ciudad de provincia se hace sólo referencia al gran mundo que está afuera, del cual llegan los periodistas, un mundo que es apenas una referencia muy genérica, un  mundo  que se asemeja a una totalidad enfrentada a Fulgor. Finalmente Fulgor se pliega sobre sí misma y termina guardando sus secretos. La historia se cierra como una flor nocturna. Fulgor es un espacio simbólico donde nada cambia en realidad. Lo oculto sigue siendo oculto. Quien viene a develar – Patricia, la periodista extranjera- es tragada por las leyes del lugar y de reveladora se convierte en encubridora. De modo que una vez más reconocemos el rasgo irónico en la elección del nombre Fulgor que, aunque sugiera luminosidad, termina replegado en lo que encubre, lo que oscurece cualquier posibilidad de echar a luz la verdad escondida. Entonces si tomamos la otra acepción de resaca -movimiento de marea- convenimos en que el título es muy ajustado: la marea va y viene, el movimiento es continuo, pero el agua es siempre la misma. Y  la conclusión de esta historia lo confirma. Nada cambia en realidad.
         Los personajes y sus vínculos entre sí estructuran la novela. Trama de relaciones, vínculos visibles y ocultos. Eso que no se ve, lo oculto de los vínculos humanos, eso que no se muestra como la genitalidad entre hermanos, la subordinación de Alelí a Vernengo durante la represión, eso es el desencadenante de la historia. Y lo oculto es también el lugar donde están los cuerpos de los desaparecidos, lo oculto son palabras que no se pronuncian o palabras encubiertas por otras palabras a través de mentiras. Este juego de  múltiples ocultamientos está trabajado desde la palabra en la sutileza y en el entramado que  se desliza por detrás y sostiene el andamiaje del relato. Por eso esta novela es tan rica también en términos de estructura,  factura o armado Y eso precisamente es lo que presenta complejidad a la hora de analizarla.
    Especial importancia tienen en esta novela el lugar de las palabras. Sean estas pronunciadas o no, escritas y luego quitadas  de su sitio se encuentran presentes en ausencia  - las del libro de autos con sus páginas faltantes, las palabras que aparecen en pintadas callejeras, que fueron fraguadas por varios personajes para obtener una ventaja, las palabras un texto que está por escribirse, la escritura de un texto sobre la dictadura que finalmente no saldrá a la luz, que no mostrará la verdad-. Están además los apuntes que la periodista hizo, manipulados por Vernengo en el ingenio abandonado, están las palabras no pronunciadas por un mudo, las palabras dislocadas de un enfermo con Alzheimer, las que relatan sus sueños a través de un programa radial. En cualquier caso las palabras pronunciadas o escritas deben ser tapadas, bloqueadas, encubiertas. Ante la palabra, se impone el silencio o alguna forma del silencio como el ocultamiento o la tergiversación,  en cierta medida parece operar bajo cuerda el lema que se impuso desde el gobierno durante la dictadura militar: “El silencio es salud”. Sin embargo es desde el estricto punto de vista literario donde la palabra ha sido trabajada con cuidado, sin desmadre, manteniendo el pulso. Dentro de la intriga el valor de las distintas acepciones de un término se desmenuzan, nada sobra aquí ni nada falta. Es el narrador quien reflexiona sobre la precisión del lenguaje dentro de la novela, como si se desdoblara una vez más. Y entre lo que se dice y lo que se calla se establece la tensión y el manejo de la intriga se sostiene hasta el final profundizándose. Las palabras, dichas, ocultas, desfiguradas, silenciadas ocupan en este texto el lugar de los cuerpos de los desaparecidos que en esta historia podrían dejar de ser esa entidad abstracta para convertirse en muertos lisa y llanamente si la verdad saliera a la luz. Pero,  puesto que no es así, todo, nosotros mismos, los lectores en tanto cómplices, quedamos sumidos en esa ambigüedad, en esa imprecisión, en esa fascinación de lo que se intuye o se adivina,  eso que se palpa sin que se muestre completamente que es el lugar de la literatura por excelencia.
                                                                  

Esta novela  fue la  ganadora del  XII PREMIO ALFONSO VIII DE LA DIPUTACIÓN DE CUENCA- ESPAÑA‏

 A propósito de los entretelones del premio:
El restaurante Figón del Huécar fue el escenario elegido para que el jurado del Premio de Narrativa Alfonso VIII diera a conocer su veredicto. Aunque los jueces tuvieron que analizar 160 obras, el trabajo que más les sedujo fue “En la resaca”, un material creado por el escritor y abogado argentino José Gabriel Ceballos.
Gracias a este fallo, el autor nacido en 1955 en la localidad de Alvear (Provincia de Corrientes) logró quedarse con los 18 mil euros que forman parte del galardón y acceder al beneficio de ver su novela publicada por la Editorial Edaf.
El relato que presentó Ceballos a este certamen español convocado por la Diputación Provincial de Cuenca está inspirado en la dictadura militar argentina y tiene como protagonista a un periodista que traslada a un torturador enfermo de Alzheimer desde un asilo hasta la ciudad que lo vio actuar con crueldad durante la década del  setenta. Desde el punto de vista de Almudena Grandes, la escritora española que presidió el jurado integrado por colegas como Pedro Zarraluki y Lorenzo Silva, el representante de la editorial Edaf Melquíades Prieto y Marta Segarra (encargada del Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial), esta obra merece ser premiada porque además de ser “ambiciosa y comprometida” es una novela arriesgada que gira en torno a un tema delicado. “No es una historia simple de buenos y malos, sino que aborda los límites de la crueldad y ofrece un final sorprendente”, expresó ante la prensa la creadora de títulos como “Malena es un nombre de tango”, “Atlas de geografía humana” y “Estaciones de paso".

  José Gabriel Ceballos nació en 1955 en Alvear, Pcia. de Corrientes donde reside actualmente. Autor de una vasta obra cuentística, en la que se destacan "El patrón del Chamamé" (Premio Educa en San José, Costa Rica) y "Entre Eros y Tánatos" (Premio Tiflos, Madrid) ya ha incursionado también en la novela  con "Ivo el emperador" y "Víspera negra" (Premio Ciudad de Alcalá de Henares). En Sevilla España, ganó el VII Premio Alberto Lista de narraciones breves y recientemente obtuvo el Tercer Premio Municipal  de la ciudad de Buenos Aires- Ricardo Rojas.
Otro premio para el prolífico escritor José Gabriel Ceballos | http://www.primeraedicionweb.com.ar/s...



jueves, 21 de abril de 2011

ADRIANA AGRELO: Tres poemas



Adriana Agrelo y yo compartimos la inigualable experiencia de participar en el taller del escritor Antonio di Benedetto después de los años de dictadura militar y, siempre, de tanto en tanto, otras actividades literarias que nos acercan y renuevan nuestro vínculo. Estos poemas,   que son parte de su libro "Como gota en el agua"  -editado en el 2007 en El taller del Poeta en Pontevedra, España- tienen el tono y la frescura de los versos  celebratorios de la naturaleza entroncados  posiblemente  en la tradición del "Canto resplandeciente" de los guaraníes,  tienen  cierto  toque mítico y una luminosa rusticidad.    
                                             


 POEMAS DE TITAYEYE

I

Soy esta ansiedad que se inclina como ramas de sauce
sobre el río
cuando la bruma se levanta con el viento y forma
espirales
nubes pequeñitas arremolinadas
esta ansiedad biguá negro que hunde su pico   se sumerge
vuela bajito y desciende en sombras sobre las casuarinas
Siento el pinchazo de sus agujas sobre la piel desnuda
y mis ojos se tornan roble de otoño
la mirada paisaje sepia serpenteando el pasado
mancha fucsia de azaleas flor abierta mi alma
canoa que boga sobre estrechos canales
sobre las ondas de su propio cauce recorro su laberíntico
delta
protejo las raíces de sus magnolias con tierra nueva
soy clavel del aire
prendido a los haces de luz que se filtran en el follaje
mi deseo es una copa antigua
un cielo estrellado
canto de grillos aroma de madreselvas
soy colibrí libando néctares y atardeceres
muelle que espera el abordaje soy orilla que el agua
apenas ha erosionado

II
Soy el Titayeye
marrón lodo de río
hecha de sones y grillos
Titayeye soy de croar de ranas
con voz espantacuises
arrastro camalotes
troncos bogantes
mis cabellos lianas espumosas
Mi nombre es Titayeye
culantrillos crecen en mis extremidades
Titayeye es mi nombre
silbo entre álamos
mi cuerpo ahuecada canoa
mis deseos pechos redondos
como ojos de agua
naranjas silvestres nueces
néctar de madreselva
mi sudor
Soy Titayeye elemental terrana maternal
mi abrazo abarca cada criatura
mi palabra brebaje alivia tu sed
Titayeye soy y te convoco
Multiplicándome como delta sin cauce
me expando


III

Azul húmedo de hortensias mi sexo
abierto de pétalos mi vientre verdesombra
poblado de pájaros y sueños
Soy Titayeye cuerpo y sudor
calor que asciende de la tierra
enredadera enamorada devorainsectos
mi cuerpo libador agridulce
ojos negro carbón  con doradas hebras de sol
Titayeye soy
siente este son esta marea burbujeante siente
el gorgoteo de río entre raíces
mis manos hornos de barro y sal
sumergidas en blanca levadura
brota con mi calor
sé vaho en mi asiento de rosa silvestre
Mi nombre es Titayeye
me prolongo y me tiendo como muelle
Soy mascarón de proa
Guitarra suspendida
mi cintura de río.



Adriana Agrelo nació en Avellaneda, Pcia. de Buenos Aires . Licenciada en Letras (U.B.A.), Técnica Universitaria en Gestión Cultural (UNMDP) asistió a varios talleres literarios, como los de Antonio Di Benedetto, Silvia Álvarez, Mayte Alvarado, Gloria Pampillo y Silvia Schmid. Ha coordinado varios talleres de escritura e impartido clases de literatura como docente de enseñanza para adultos. Y gestiona actividades culturales a través de su ong CREARTEDUCA (Creatividad, Arte y Educación) fundada en el año 2000.-
Sus textos han sido antologados, entre otros, en los libros Desde el cuarto A (Ediciones Taller Fe de Erratas, 1986), Redes de cuentos (Grupo Editor Moriana, 2000), así como publicados en diversos sitios en Internet. En el año 2008 publicó su primer libro de poemas Como gota en el agua, Ediciones El taller del poeta, España.
Diseñó y editó la revista mensual Moriana, en colaboración con los escritores del taller de Silvia Schmid y colaboró con sus textos en los números de la revista Morimbia, del mismo taller, que se editó hasta el año 2007.
Desde el año 2004 trabaja en la Biblioteca del Congreso de la Nación, donde realizó hasta el año 2008 actividades de promoción de la lectura y talleres de capacitación docente en el Bibliomóvil en el marco del programa "Cultura en Movimiento", así como también participó en varias oportunidades en el programa "La provincia en estado público de lectura" y "La fiesta de la lectura" dependiente del Instituto Cultural de la Pcia. de Buenos Aires. Paralelamente continúa dictando talleres de escritura y lectura en la Biblioteca del Congreso.

                                      Obra de la artista plástica María del Carmen Cerezal
                                                            Adriana Agrelo  en su taller literario