En su rol de coordinadoera de la Revista de Poesía Bardo, la escritora Susana Szwarc me convocó para escribir sobre Alfonsina Storni y seleccionar algunos poemas. Como suele ocurrir fue extenso mi artículo y se publicó seccionado. Aquí el texto íntegro.
Lo
primero que me llegó en la obra de Alfonsina fue a través de una voz: yo era
muy joven y estaba de vacaciones en
Miramar, una tarde tuve la oportunidad de ser parte del público de una de las veladas de
recitación de Berta Singerman en un teatro improvisado. Quedé absolutamente impresionada, más que por el estilo de recitación de la actriz, por el
contenido de sus palabras. Recuerdo que
Singerman se hospedaba en el mismo hotel que yo y, a veces, la veía en el bar donde ella
solía hablar con otras personas de su relación personal con Alfonsina Storni.
Yo quería acercarme para escucharla, pero como era muy tímida nunca lo hice. Quedé
conmocionada y al regresar a Buenos Aires le pedí a mi abuela que me comprara
alguno de sus libros. Así es que una tarde nos vestimos las dos
emperifolladamente y fuimos desde
nuestro barrio al centro de la ciudad.
Mi abuela, que no sabía demasiado de poesías,
tartamudeó cuando le dijo un poco solemnemente al vendedor de libros:
queremos los poemas de la Storni. Nos vendieron las obras completas. Aquel fue
para mí un acto de iniciación literaria,
una escena luminosa que quedó recortada entre otras escenas. A partir
de aquel momento comencé a ir a los
homenajes que se realizaban en el mes de octubre donde llegué a conocer a su
hijo Alejandro Alfonso. Alfonsina me ha acompañado desde entonces con su voz inconfundible
capaz de cobijar una conmovedora
intimidad. Hoy descubro que para aquella
muchacha que fui que deseaba escribir, Alfonsina
fue un espejo en el cual mirarme y reconocerme,
ella me abrió las puertas que me
permitieron perfilar una incipiente imagen de mujer y sentar las bases de un futuro camino literario.
Selección de algunos poemas
de la autora:
BALADA ARRÍTMICA PARA UN VIAJERO
Yo tenía un amor,
un amor pequeñito,
y mi amor se ha ido.
Feliz viaje, mi amor, feliz viaje!
No era muy grande mi amor:
no era muy alto;
nunca lo vi en traje de baño;
pero debía tener un cuerpo
parecido al de Suárez.
Mejor dicho, al de Dempsey.
Tampoco era un genio;
se reía siempre, eso sí;
le gustaban los árboles;
acariciaba al pasar
a los niños.
Yo le hubiera regalado
un arco
para que volteara estrellas...
Pero tuve miedo
que alguna
te cayera en la cabeza, lector:
son tan grandes!
Anoche mismo se fué;
tomó un vapor
que medía una cuadra:
demasiado extenso para él;
no es un gigante.
Ahora lo veo pequeño al buque,
muy pequeño;
me parece, solamente,
una lanzadera
de máquina de coser
temblando en el filo
de una montaña movible.
Señor camarero,
señor camarero del vapor:
hágale usted una gran reverencia
cuando lo vea pasar,
estírele bien las sábanas de la cama,
despiértelo con suavidad.
Señorita viajera:
usted, la más hermosa del barco:
mírelo a los ojos con ternura;
dígale con ellos cualquier cosa:
—Me casaría con usted ahora mismo.
O si no —Vamos a tomar
juntos el té.
Y usted, señor Río,
no sea imprudente;
pórtese como un caballero
con un hombre que sueña;
necesita cunas
aun cuando sean de agua.
No he visto nunca en el Río de la Plata
peces voladores.
Si hay alguno que no vuele:
no le gustan los peces,
y menos si tienen alas.
Mañana llegará a un puerto,
junto al muelle se parará el vapor:
Oh señor Buque; oh estuche
en que mi pequeño amor
hace de diamante:
no trepide mucho al atracar,
no dé brincos!
El bajará la escalerilla
cantando un foxtrot.
Siempre canta un foxtrot
Llevará un traje gris
y un sobretodo azul marino.
No se los manche, usted, por Dios,
Señor Buque:
mi amor es pobre...
(de “Mundo de siete pozos”)
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FEMENINA
Baudelaire: yo me acuerdo de tus
“Flores del mal”
En que hablas de una horrible y
perversa judía
Acaso como el cuerpo de las
serpientes fría,
En lágrimas indocta, y en el daño
genial.
Pero a su lado no eras tan pobre,
Baudelaire:
De sus formas vendidas, y de sus
cabellera
Y de sus ondulantes caricias de
pantera,
Hombre al cabo, lograbas un poco
de placer.
Pero yo, femenina, Baudelaire,
¿qué me hago
De este hombre calmo y prieto
como un gélido lago,
Oscuro de ambiciones y ebrio de
vanidad,
En cuyo enjuto pecho salino no
han podido
Ni mi cálido aliento, ni mi beso
rendido,
Hacer brotar un poco de
generosidad?
(de “Ocre”)
CUADROS
Y ÁNGULOS
Casas enfiladas, casas enfiladas,
casas enfiladas,
cuadrados, cuadrados, cuadrados,
casas enfiladas.
Las gentes ya tienen el alma cuadrada,
ideas en fila
y ángulo en la espalda;
yo misma he vertido
ayer una lágrima,
Dios mío, cuadrada.
(De “El dulce daño”)
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(de “Irremediablemente”)
ULTRATELÉFONO
¿Con Horacio? — Ya sé que en la vejiga
tienes ahora un nido de palomas
y tu motocicleta de cristales
vuela sin hacer ruido por el cielo.
—¿Papá? — He soñado que tu damajuana
está crecida como el Tupungato;
aún contiene tu cólera y mis versos.
Echa una gota. Gracias. Ya estoy buena.
Iré a veros muy pronto; recibidme
con aquel sapo que maté en la quinta
de San Juan ¡pobre sapo! y a pedradas.
Miraba como buey y mis dos primos
le remataron; luego con sartenes
funeral tuvo; y rosas lo seguían.
(de “Mascarilla y trébol”)
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Por qué escogí estos poemas:
“ Balada arrítmica para un viajero” me gusta
especialmente porque tiene desenfado en su modo de expresión, si bien la poesía de Alfonsina se caracterizó por este
rasgo en relación al tratamiento de la figura del varón y a la libertad
femenina con respecto al amor romántico,
el tono predominante en su obra es más grave, más hondo. En este poema hay un
juego divertido, casi juguetón, alejado de esa voz más trascendente y dramática
típica en ella. Algo similar me ocurre
con “Cuadros y ángulos”, el hispanismo propio de la poesía de Alfonsina se
depura aquí y el trazo es limpio, casi fotográfico. Igual que en otros tantos
poemas realiza una pintura de la ciudad de trazo modernista. Evidentemente la ciudad
como escenario es fundamental en su obra en tanto y en cuanto ella, como otros
intelectuales, toma conciencia de los enormes cambios sociales producidos a
partir de fines del siglo XIX a causa de
la industrialización. Resulta
interesante observar que este poema prácticamente carece de adjetivación, impronta no muy frecuente en la poesía de Alfonsina. Y en los dos evita la forma soneto, soneto que
hacia el final ella misma calificó de antisonetos,
pero que aún así guardan relación con esa estructura más tradicional.
El
poema “Bien pudiera ser” ha sido uno de
mis preferidos desde mi primera juventud cuando la descubrí y comencé a leerla
libro tras libro. A la luz de los años transcurridos, de la
evolución del pensamiento y de la psicología lo encuentro cada vez más lúcido y
adelantado a su tiempo. En este poema Alfonsina se siente heredera de un linaje
femenino, reconoce lo que sostiene la nueva psicología hellingeriana, aquí la poeta diseña un itinerario epocal y
culmina en una transgresión personal al mandato familiar, que tiene absoluta actualidad. Manteniendo la forma clásica del soneto lo vacía de
aditamentos innecesarios, vuelve traslúcido el mensaje. El poema se cierra con
una conclusión diáfana y parece mentira que haya sido escrito un siglo atrás.
“Femenina” me interesa por su interpelación
al varón, recurso constante en su poesía que en este caso adquiere relevancia porque el varón es nada
menos el poeta Charles Baudelaire y, por si fuera poco, pone sobre el tapete el
prejuicio no solo masculino sino también racial. Me parece un poema sumamente provocativo y desafiante
que muestra su fuerte personalidad expresada de
manera lograda en formato lírico.
Tal vez escogí “Ultrateléfono” por una cuestión de empatía y de curiosidad al releer recientemente dos de sus biografías en las que la figura del padre se vuelve conmovedora y triste. Poema dialógico, escrito obviamente luego de la muerte de su padre, ya que este falleció cuando Alfonsina era apenas una jovencita, casi una niña. Una parte considerable de sus poemas que dialogan con hombres ausentes me interesa muchísimo, son en sí mismos una autoindagación que toma la figura del varón como referente. En la obra de Alfonsina este mecanismo, inteligente y recurrente, denota un camino de buceo interior que en ella no termina nunca, incluso hasta en su último poema “Voy a dormir” incluye lo dialógico dirigido a un supuesto hombre al que hay que darle el mensaje: “si él llama nuevamente por teléfono, le dices que no insista, que he salido”. Podría trazarse perfectamente una línea de investigación que analizara el diálogo con los hombres en su obra, ateniéndonos a sus matices, sus efectos y su evolución. En este poema “Ultrateléfono”, ese diálogo que Alfonsina entabló desde el vamos con el varón encuentra en la figura del padre el referente principal.
No
sería errado celebrar la relación
conflictiva que Alfonsina tuvo con el mundo y con el lenguaje (sabemos lo
crítica que ha sido al releer su obra una vez publicada), de ese conflicto ha surgido la tensión que
enriquece toda su escritura. Logró construir un imaginario poético con
características distinguibles,
coherente, lo que comúnmente se define como la creación o el hallazgo de una
voz poética personal, la que, entre otras cosas, manifiesta un anhelo de
transformación del mundo planteado desde la vinculación entre hombres y
mujeres. La plasticidad en la creación de imágenes sugerentes y elaboradas
testimonia una subjetividad sensible y profunda. A
pesar del toque impresionista en su escritura se evidencia una fuerza
indiscutible, cierto impacto que considero que viene de su conocimiento del
género teatral y también, por qué no, de la cantidad de trabajos que, en pos de
la subsistencia, realizó a lo largo de su vida, los que le brindaron una visión
social comprometida con los sectores populares.
Se
evidencian una originalidad de la mirada,
no solo en su contexto de época sino por su agudeza psicológica y un yo lírico
que da cuenta de una perspectiva casi
única sobre las circunstancias del período histórico que le tocó vivir a
partir de su condición femenina. Al carácter sentimental de sus versos Alfonsina le sumó un erotismo que enfrentó los convencionalismos
que marcaron la cultura de su época. Sin duda su voz individual se convirtió en
portavoz del decir callado de otras mujeres de su generación.
Este artículo fragmentado se publicó en la revista de poesía "Bardo", Ciudad de Buenos Aires, junio 26, páginas 7-8.
