Espiral de Saraswati

miércoles, 16 de noviembre de 2016

NORA MAZZIOTTI: "Amores calabreses"

  Tuve el gusto de presentar esta novela de Nora Mazziottim editada por Paradiso Ediciones:  "Amores calabreses" junto a Graciela Falbo en el Centro de la Cooperación "Floreal Gorini" de Buenos Aires este invierno. Reproduzco aquí el texto que leí en aquella ocasión.


   



                                                        NORA MAZZIOTTI- “Amores calabreses”
            El relato comienza con una oración en subordinada “Que el nono Gaetano…”, se deduce entonces que existe un fragmento previo que está acallado en el texto. La historia se extiende en  un estadio que no se patentiza en la escritura. Hay una cosmogonía ausente en esta saga que parte de un personaje que se convertirá en medular: Gaetano, quizá sugiriéndonos que lo que no tuvo principio entra en el terreno del mito. Y enseguida leemos: “Lo que se repetía en casa”: una historia que fue contada una y otra vez ¿Qué significa esto? Que aquello que se vuelca en el texto no fue tomado de los hechos, de las percepciones del mundo, sino de un fenómeno de lenguaje: el habla. Y el texto da cuenta de los murmullos, de las entonaciones, del susurro y de la confidencia en que fueron oídas presumiblemente al borde de una cama o sobre la ancha mesa de madera de la cocina. La historia ha ido prevaleciendo a través de los años, migrando de cuerpo en cuerpo hasta llegar hasta hoy, como esos relatos legendarios que en un plano social han venido configurando y construyendo nuestro imaginario colectivo. Pero aquí el foco se centra  en lo  íntimo  de estos ancestros que trazan un fresco colorido y atrayente. Estamos frente a la construcción de relatos de inmigración, la sustancia de nuestra memoria colectiva argentina, nuestro ser nacional y en esa memoria aparece inevitablemente el viaje: sitio de pérdida y de llegada. Viaje y patria entroncados en un discurso que nos constituye.
            Sin embargo podríamos pensar esta novela considerándola a la manera de un “como si”,  ya que nos presenta la reconstrucción de una rememoración de acontecimientos familiares, pero bien sabemos que nos encontramos en el terreno de lo probable, este es un hecho ficcional que posee todos los condimentos necesarios de una ficción aunque juega por momentos con la crónica, crónica familiar por supuesto, le hace guiños al folletín y toma ciertos elementos de la novela de aventuras. La estructura de la novela y sus mecanismos de repetición parecen dar cuenta de su basamento original: el relato oral que, como ya dije, fue sostenido a lo largo de los años y de generación en generación mediante el contar una y otra vez hasta que los hechos, situaciones y personajes quedan fijados en la memoria. Y sin embargo si también afirmamos esto,  es posible que caigamos en el error, la novela tiene una cadencia, un ágil ritmo narrativo que  aunque podría adjudicárselo a su origen oral, a la frescura y vitalidad de una conversación ininterrumpida no es exclusivamente  tributaria de este modelo discursivo.       
   Quien narra toma las voces y las vuelve a hacer resonar en el texto. Réplica de voces que hablan de un intercambio, llegan cuerpos extranjeros y la Argentina otorga trabajo y una nueva oportunidad. Luego el dinero vuelve como compensación: los inmigrantes envían  ayuda monetaria a quienes quedaron  en el país que fue abandonado. Y en esa ruta de  intercambio aparece nuevamente la escritura: cartas que alguien le escribe a los analfabetos, letras bancarias, diarios íntimos. Pero lo que emigra, inevitablemente no son sólo cuerpos sino la cultura de origen, en este caso nombres que son rescatados del imaginario: el mundo de la ópera - que es la pasión de los personajes- y cuando no les queda gente para bautizar, pretendiendo honrar el mundo operístico escogen esos nombres para  perros y mascotas. De modo que el primer intercambio aquí se realiza entre el mundo real y el imaginario.  Pronto algo surge contrastado con las historias de inmigración que conocemos, no es la clásica porque no aparece la pobreza ni la dura lucha sino la opulencia en una primera instancia. Enseguida eso se revierte, y muta  entonces sí en la historia del inmigrante clásico, el proceso se invirtió en cierto sentido ya que traen dinero y viven una primera etapa de opulencia en su palacete del barrio de Saavedra, un hecho que ya nos desplaza un poco hacia lo ficcional. Luego lo narrado se enmarca en las conocidas historias de inmigración argentina. El inmigrante lucha y logra hacerse su quintita, su América y goza. Aquí ocurre lo contrario. Ocurre que con la guerra y la falta de intuición en el manejo monetario sobreviene el desenlace trágico. Así participamos de un relato que emplea los tópicos de los relatos inmigratorios al juego de folletín con un guiño hecho por la narradora constantemente, en la novela se trabajan además de los ya mencionados géneros - relato oral, la novela de aventuras, ciertos giros del radioteatro - otros discursos que incursionan en el texto como noticias de diarios,  lo epistolar y el diario íntimo. Con un ritmo ágil y sostenido por una trama que va incluyendo a modo episódico la vida de los distintos personajes,  el narrador parece decirnos que esta es en parte una historia que conocemos  aunque, al mismo tiempo, se  nos presenta distinta. El lugar de este narrador es sin duda el de quien especula con respecto a  lo conocido y repetido, se conoce la carcaza de los hechos pero  quien narra hurga en los intersticios entre lo dicho y lo no dicho, de esta manera el texto de la novela se convierte en un paratexto de la oralidad y no en su mero reflejo.  Así el narrador oscila entre lo sabido y lo descubierto a través de la escritura que revela sentimientos ocultos y anhelos.
            La pérdida de la opulencia inicial es el gran quiebre en el relato que produce los acontecimientos relevantes que irán armando una trama en la que no faltarán los ingredientes típicos del folletín: huídas, suicidio, madres con hijos abandonados, trabajos asalariados en el  límite de la supervivencia, vendettas hasta llegar a un caso de incesto provocado nada menos que por un sacerdote católico, todo esto narrado con un tono que no se aleja del guiño instaurando de este modo definitivamente al texto en un relato que dialoga con formas instituidas y las reelabora con riqueza, así se realiza un cruce entre los distintos géneros mediante la reescritura.
     Enmarcando el discurso en los clásicos relatos de inmigración, fluyen  peripecias donde la pérdida ahora es crucial. No se perdieron únicamente un idioma y la tierra de los ancestros sino que se perdió una prosperidad – fruto del dinero traído-. El intercambio  en esta novela invierte el modelo tradicional de la inmigración: llegaron pudientes y se volvieron pobres.  Entonces de buenas a primeras nos encontramos con una historia de inmigración en el sentido convencional de la palabra: trabajo, esfuerzo, taller de costura. La pérdida ha sido doble. A esa parte de la familia, la narradora los llama “los afectados”.
    El personaje de Gaetano se convierte en el hilo conductor que va uniendo esta novela escrita a modo de mosaico, novela episódica que se ensambla gracias a una voz que toma con firmeza y soltura a la vez las riendas del relato. La intermitencia de la aparición de la figura de este personaje  se convierte en enigmática. El desconocimiento sobre el destino final del personaje forja el enigma.  Gaetano huye y provoca el desconcierto junto a otras emociones especialmente en su esposa, crea un vacío de saber que debe ser llenado y que va siendo completado a través de la escritura, así la escritura sutura la angustia del no saber y le permite a la narradora eludir huecos y disipar dudas. Pero la duda permanece y sostiene con su eficaz incertidumbre el desarrollo del relato. Cuando quien narra no sabe nada del destino de Gaetano decreta por suposición que está muerto. La esposa abandonada arma un ritual familiar y listo. El no saber ha resultado intolerable y es suplido por la imaginación y el ritual. La operación de intercambio en este caso ha sido la del desconocimiento por la pura invención. Evidentemente los personajes han creado su propia lógica frente al drama o el infortunio y en este sentido se puede detectar en la novela su cercanía con el trazado de los personajes del grotesco criollo. La palabra escrita toma como referencia la palabra oral que también dejó sus   marcas de escritura en lo real. La historia es un discurrir de sucesos a vuelo de pájaro sobre la vida de estos parientes y su doble pérdida de los años dorados. Las escenas se van sucediendo una después de otra y el eje o el disparador de su irrupción son los personajes.
            Las escenas son muchas, ricas y significativas: la del perro rabioso, la del taller de costura, la del regreso de un pariente en busca de Gaetano, de lo que no se puede hablar, muerto por rabia, la de la mujer que trampea al hombre que desea y termina embarazada, la del encuentro entre Bianca y el que finalmente será su acaudalado marido, la del cura y su hija fruto de su amor con otra mujer, la del cuerpo en el féretro y la fotografía. Las escenas brotan, se desarrollan brevemente, tienen algo de estampa y luego siguen apegadas a las pautas de la oralidad que les dio su puntapié inicial, dejan la punta del ovillo para que después sea retomada o para el olvido o para el recuerdo,  se mantienen cercanas al derrotero de la oralidad. La voz narradora se apropia de otras voces y las vuelca en un recorrido que parece no tener fin. Historias con todos los ingredientes con que suelen estar impregnados los relatos orales: niños que van a ser vendidos y que son rescatados por un pariente, vendettas del sur de Italia, malevos, niño muerto por mordedura de perro rabioso, historias imborrables que se mantuvieron vivas gracias a la repetición continua y que la escritura retoma para fijarla definitivamente sin que pierdan la frescura y la agilidad de la oralidad que las mantuvo en vilo. La oralidad sostiene su permanencia en el trazado de personajes, en sucesos significativos que la memoria no puede abolir y estos son tomados por la escritura y expuestos así, en su devenir y con su realce.
            A medida que avanza el relato se percibe con mayor claridad que el elemento aglutinante de lo fragmentario está  absolutamente unido al personaje de Gaetano que realiza la acción más contundente, abandonar a la familia, hacer el viaje de regreso, deshacer  de cierta manera el camino de la inmigración, huye por vergüenza, como nos enteraremos más tarde. Este deshacer es el que permite hacer la novela porque sin esa acción, esa ausencia la novela no tendría la estructura sostenida que tiene. Así la mujer abandonada  hace conjeturas sobre el destino de este personaje del que no se sabe nada. Aparece de este modo el discurso en segunda persona en forma de diálogo, le habla a alguien que no está, entra en suposiciones, especulaciones, se habla de que se fue a una montaña en Italia. Es un diálogo con una sombra o un fantasma sobre improbables hechos, la historia de inmigración se instala  en la identidad confusa, profusa, sin límites claros. Un cuerpo ausente que en la Argentina de la segunda mitad del siglo XX ha venido a tener una doble lectura y  ligando pérdidas y ausencias a los desparecidos de la última dictadura militar.
     Prestándole atención a la grafía que entre todos los elementos es quizá la menos inocente, nos encontramos con  párrafos entre paréntesis: Lo que está entre paréntesis no es una aclaración -que es la función del entreparéntesis- sino que aquí es el espacio de la ficcionalización, ese hueco dejado por el  “no saber” que especula sobre el desenlace de la vida de Gaetano. Es factible conjeturar que hay un relato de vida que está ausente y eso es lo que permite entretejer la trama, abre en el texto abanicos de posibilidades, produce un ahondamiento del texto, de la trama, de la historia, es además al mismo tiempo una suspensión de la linealidad del relato que se comporta a la manera de una bifurcación.  Esos discursos entre paréntesis marcan el espacio de la ficción pura, el despegue de lo que la historia tiene supuestamente de referencial, separan la historia verídica de la ficcional mediante una visible marca en la escritura y a la vez estos paréntesis indican algo más: el narrador se ubica en otro rango dentro del discurso narrativo, es como una voz que se filtra dentro de la prosa, un desdoblamiento de la voz narrativa. Podríamos pensar a este narrador como un testigo-narrador de las voces familiares. Testigo de voces que va armando una trama con estos personajes  relacionados entre sí mediante  noviazgos, casamientos, abandonos, hijos, nacimientos.  Cabe señalar que no existe linealidad en el trazado de la historia, el narrador va y viene en el tiempo una y otra vez siguiendo quizá la línea antojadiza del recuerdo o el vaivén de una conversación de sobremesa.
      El texto avanza en la línea del recuerdo, de la rememoración centrada en los personajes que van apareciendo sin introducción. Los personajes irrumpen, surgen y vuelve a volatilizarse hasta que algún vínculo en otra historia los trae tangencialmente al primer plano. Es como si ese plantel de personajes estuviera siempre allí y fueran llamados al proscenio. El recorrido de esta rememoración no parece responder a ninguna ley visible, surgen y se despliega su historia a grandes rasgos. Lo llamativo es que avanzando en la novela cuando la trama ya mostró su solidez, las especulaciones sobre lo que  pudo ocurrir en la vida de Gaetano se van volviendo cada vez más antojadizas y se multiplican significativamente los entre paréntesis: ha crecido el espacio de la ficción en detrimento de la memoria.
            Resulta interesante observar que pese a que hay una relativa discontinuidad temporal, las historias o este caudal de episodios  que no siguen una cronología se ensamblan como encajando en una gran pieza de puzzle de un modo armonioso y  hacia el final la cronología impuesta por el rigor del desenlace responde más a la causa y el efecto, ya que todo desemboca en la figura reubicada en tiempo y espacio de Gaetano cuya reaparición opaca o coloca a un costado el variado despliegue de los otros personajes familiares y también, comprensiblemente, a esa voz narradora entre paréntesis que  había especulado sobre el destino posible del personaje para ser retomada muy hacia el final de la novela cuando imagina qué escribió Bianca en su cuaderno.
            Ocultamiento y revelación son además de los de sustitución  los mecanismos del relato que parten de la evocación pero existe un movimiento paralelo: el de la especulación mediante el acto de imaginar posibilidades planteadas por lo desconocido. Así podríamos calificar a este tercer mecanismo de prospectivo, nos habla de un futuro desconocido, futuro si nos ubicamos en el momento en el que el personaje desaparece, pasado en el momento de la especulación que es coincidentemente el momento de la escritura. Entonces la operatoria que sostiene la novela es el movimiento alternativo de ocultamiento, revelación, sustitución y especulación, mediante estos   recursos se va tejiendo la trama. Nos encontramos frente a una profusión de situaciones en los que la peripecia tiene alto impacto, fueron tomados los hechos relevantes, aquellos que la memoria fue capaz de sujetar, lo atesorado por el recuerdo y sostenido por una supuesta transmisión oral en el seno de la colectividad familiar. Hay un  eficaz manejo de la intriga que se constituye incorporando nuevas zonas dentro de la historia de cada personaje hasta que en algún momento del relato surge lo inesperado, es mediante el surgimiento de lo imprevisto que el relato se vivifica, alcanza un alto efecto  y obtiene un giro en el desarrollo de los acontecimientos. Y en este mecanismo podemos incluir el modo en que son presentados los personajes que dan la impresión de brotar de un fondo inacabable y siempre a través de lo vincular: tías, primas, hijos, nietos, esposos, esposas. Dentro de ese círculo cerrado y a la vez inmenso de la familia se abren relaciones que van creando nuevos espacios dentro del relato, de esa forma siempre termina apareciendo algún personaje de inusitada vinculación. La trama familiar es intrincada pero respeta la lógica de la sangre y de las elecciones personales y se narra justamente desde una pertenencia familiar y el tono narrativo mantiene la calidez de la mirada. En este caso estamos frente a un mecanismo de incorporación, se van agregando elementos a lo ya planteado. También podemos considerar que  en el ya mencionado mecanismo de sustitución: aparecen las cartas reemplazando a la voz, no puede haber diálogo porque no hay cuerpo pero existe un diario que opera de la misma forma. Luego aparece la imagen móvil en la pantalla de un cine en vez de  un cuerpo  tridimensional. La sustitución en este texto actúa de manera compensatoria, sutura la herida de la producida por los hechos. Este texto que con soltura, agilidad y frescura nos hizo cómplices de un entramado familiar, que nos permitió conocer varias décadas donde los personajes nos invitaron a asomarnos a lo hondo de la condición humana fue forjado con mecanismos sutiles y con una propuesta estética de reelaboración de los géneros que logra integrar lo aparentemente disímil. Esa voz narradora nos convirtió en cómplices de historias jugosas y de entuertos dignos de ser narrados una y otra vez, una y otra vez, de un modo inagotable.



Nora Mazziotti es profesora en la UNA y coordina la carrera de Guionistas de radio y televisión en el ISER. Egresada de Letras, se especializó en temas de teatro, géneros de ficción audiovisual, historia de los medios. Es autora de "Soy como de la familia". "Conversaciones de Nora Mazziotti con Alberto Migré"  (1993), "La industria de la telenovela", "La producción de ficción en América Latina" (1995),"Telenovela, industria y prácticas sociales" (2006). Compiló "El espectáculo de la pasión: Las telenovelas latinoamericanas" (1993), Como novelista publicó "La cordillera" (Paradiso, 2010) y "Milonga perdida" (Paradiso, 2013).  


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