Espiral de Saraswati

lunes, 8 de noviembre de 2010

APROXIMACIÓN DE A DOS NOVELAS DE MARÍA TERESA ANDRUETTO



 Suelo hacer apuntes cuando leo un libro de ficción, generalmente con lápiz en la primera página en blanco. A veces las distintas frases van tomando la forma de algo parecido a un ensayo, otras veces apenas son un esbozo para una indagación posterior. En este caso, leí las dos novelas de María Teresa Andruetto, una luego de la otra. Vuelco aquí esos apuntes para que, con un poco de buena voluntad e imaginación, a algún  posible lector  le despierte el deseo de leerlas también. Las  novelas  son "La mujer en cuestión", Editorial Sudamericana, Buenos Aires 2003 y"Lengua Madre, Ed Sudamericana, Buenos Aires 2010

LA MUJER EN CUESTIÓN
   La novela “La mujer en cuestión” es un texto que remeda un informe que tiene el aspecto de un  escrito gubernamental, a medida que el informe va creciendo se van creando  los climas, los indicios y surgen los pormenores  que nos trazan el perfil de un personaje. Se habla de la dictadura por omisión, de la misma forma en que se vivía por aquellos años. De esta  manera el texto  nos acerca a la noción básica de la dictadura como al pasar, de un modo tangencial y amenazante. El efecto que este recurso produce es el del icerberg, lo no expuesto en forma evidente atenta desde las sombras y genera lo siniestro en el sentido freudiano.
  La historia se va construyendo mediante la aproximación al personaje que paulatinamente   discurre con esa voz imparcial, la del que redacta el informe,  el registro de las diferentes miradas  están teñidas por el tamiz del criterio del informante, lo que va constituyendo a su vez un subtexto. Es una voz que recoge testimonios,  en esta recopilación de hechos el relato va avanzando desde los márgenes hacia el centro. Hay algo que captar y quien habla está en la orilla, que es el lugar de la observación. En ese avance desde las orillas hacia el centro  el narrador   alimenta nuestra necesidad de conocer, la despierta y la nutre,  la historia que se va armando a la manera de un rompecabezas donde se combinan  los retazos de información que obtiene el que narra, quien en todo momento mantiene el perfil del que está en el margen y avizora, del que se acerca e indaga sin perder la distancia propia de quien permanece afuera, en su desconocimiento, en su  aproximación a medias.  Quizá lo más interesante es que  ese centro hacia el cual avanza el narrador desde los límites se mantiene ininteligible hasta el final. De este modo se va involucrando al lector en la historia, una historia que siempre tiene aspectos y perfiles que se nos escapan porque quien relata no es del todo confiable, es un tanto limitado,  aquí el narrador no es el que sabe sino el que intenta averiguar e,  indiscutiblemente, padece  de cierta torpeza.  Podría afirmarse que el contraste está dado por la inmensidad de esa historia que se adivina y la relativa incapacidad del informante-narrador para captarla. Ahí está el juego más interesante de esta novela, calificado como “irónico” por uno de los dos análisis teóricos que están al final en su última edición. Digamos que el contraste está también dado por  la posición aparentemente imparcial y distante del narrador, ese tono del que no se involucra, del que mantiene una gran distancia y por el contenido intenso de lo que se relata limitadamente, de lo que prácticamente se dice por omisión.  El relato se sostiene en ese delgado límite entre lo que se desconoce y lo que se intenta conocer. Hay un crescendo de intensidad que no  se produce por la intensificación de los hechos o por la tensión de los sucesos tramados en el relato sino por algo más intangible como un proceso de profundización de ese mecanismo de contrastes, es decir está producido mediante los procedimientos narrativos y no por el  desarrollo de la historia. Podríamos pensar que ese no saber del narrador  - el informante-, lo ubica en el lugar de la conciencia colectiva de los argentinos durante la dictara militar de los años setenta en la Argentina. Ese avance desde los lados, ese acercamiento al personaje crea intrigas, de esta forma el narrador se convierte en un merodeador.
    Es tan sutil el trabajo literario que en alguna medida maravilla. El grado de contención y de tirantez, de implosión producido por el relato no puede menos que remitirnos a aquellos  años que padecimos la vida cotidiana en la Argentina dominada por la última dictadura militar,  nos devuelve al clima interno de un país sofocado, eso que las palabras no consiguen relatar,  eso que sólo una construcción poético narrativa como “La mujer en cuestión” logra hacer que el lenguaje se convierta en lo que ya no sirve para comunicar sino para simbolizar,  nada menos ni nada más que hacer  literatura. Después de leída la novela sigue acechando y produciendo sus oleajes en la memoria siempre un poco turbada y a la vez intacta de aquellos años a los que los argentinos no estamos dispuestos a volver.
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LENGUA MADRE
   El texto está articulado bajo el modelo de la investigación. Hay una voz que hurga en el pasado, que va tocando pistas, que roza un extremo, apenas lo roza y  sigue de largo. Una voz que se oscila entre la sospecha y la incertidumbre. Se trata del movimiento metonímico del que hablaba Lacan, el movimiento del deseo que nunca se completa.
Está muy vivo el texto, se detecta un movimiento del discurso atravesado por la fugacidad, por la fragilidad del tiempo que transcurre. Eso está antes, después y mientras tanto a lo largo de toda la novela. La voz de quien narra es vacilante, sabe que no puede confiar en ninguna  clase de certeza y esa vacilación  le da el pulso  a una visión del mundo. 
 Es llamativa la manera en que el narrador se acerca y se aleja del personaje, este movimiento no hace más que consolidar una  cosmovisión que nos dice que nada es verdaderamente apresable. De este modo el personaje va siendo compuesto, asediado, armado, construido. Podría afirmarse que la construcción del personaje es un atributo del narrador mientras va  contando la historia y aún así el saber  resulta  esquivo, la construcción se siente imperfecta, insuficiente y el narrador ostenta este hecho de manera natural. Frente a la literatura realista que todo lo agota, esta visión del personaje es transformadora y superadora de una visión patriarcal. El narrador no sabe, el narrador apenas puede perfilar la historia en un panorama literario que ha reflotado en los últimos años una literatura de corte positivista lógico en la que el que narra todo lo sabe sin cortapisas, en la que no hay vacilación o incertidumbre.
   Otro elemento interesante es el peso de lo testimonial, pero lo testimonial también resulta esquivo. Frente al documentalismo literario que ha hecho que la literatura se acerque cada vez más a la noticia, al periodismo o a ciencias extraliterarias como  la historia o la biografía, Andruetto nos instala en la plena incertidumbre. Así por momentos la historia parece reacia a ser tramada, es un patch work, tengamos en cuenta que  el patch work originalmente es una manta cosida por las mujeres de extracción campesina que, a falta de una tela completa, utilizaban restos que quedaron de otras prendas y cosían todas juntas formando ronda. La novela es un patch work: la creación de voces colectivas que al ensamblarse pueden mostrar una imagen que necesita de la distancia de la mirada para ser apreciada.
   Por otra parte hay un efecto residual del armado de esta historia. Efecto de fragmentación. No hay construcción edípica sino estructura mosaico, la estructura edípica, la de la novela tradicional que tiene un hilo que atraviesa todo el relato se corresponde con una visión del mundo ordenado, optimista, que confía en el poder de la voluntad y la razón. Y especialmente que confía en el poder de la palabra como un medio unívoco de comunicación. En el mundo de esta novela a lo único que se puede aspirar es a  rasguñar algunos sentidos que luego nos permitirán acercarnos a  un puñado de interpretaciones de la historia.
  El relato no trabaja la tensión porque al no haber una trama urdida, la tensión no aflora. Nada fue tensado previamente en “Lengua madre”, que   al desplegarse mediante la estructura mosaico se librera del imperativo propio de la estructura edípica organizada en torno a la fuerza de la tensión, la estructura mosaico   justamente por desarrollarse de modo horizontal, cobra su sentido en la combinación y conexión de los hechos. El lector debe participar en  esa sutil acción de enhebrar  que realiza el narrador, debe ser cómplice de ese  acto de merodeo ante la vida buscando pistas que le permitan armar la historia.  En el ir y venir del relato se va dando vueltas cíclicamente sobre la historia. Un movimiento lunar, horizontal, de energía femenina en contraposición al movimiento edípico  que supone una continua ilación de causa y efecto que es vertical.
   A veces, durante la lectura, es preciso sortear la incomodidad el fragmento que se plantea como un desafío al comportamiento de la memoria que tiende al hilvanar y hasta a llenar los huecos de lo que no se sabe con invenciones, acostumbrada a  la cómoda linealidad de causa y efecto. Aquí la novela nos obliga a aceptar los cortes, las escisiones,  el perturbador quiebre de la vida., aunque también la disrupción de una memoria que se quebró incesantemente como los cuerpos. Lo fragmentario puede volverse incómodo, pero ante eso  no es errado decir que la novela se lee del mismo modo en que se percibe la vida.
 La belleza despojada de algunos tramos de  “Lengua madre”, nos inserta en una idea de inmensidad., la de la vida o de la compresión de la vida que se nos escapa.  Leemos en la  página 146: “Los datos, las circunstancias, la localización, el tiempo en que las cosas suceden le parecen factores de importancia, ya desde niña intentaba comprender las razones de las personas y tenía –con una fascinación que aún hoy no puede explicar- clara percepción de la relatividad de todo, conciencia de la imposibilidad de saber en profundidad nada de nadie, temprano percibir el desconocimiento que nos asiste a todos antes las razones profundas de cada uno.”  Y un poco más adelante: “Lo cronológico, lo topográfico, los sencillos datos biográficos dan estructura a una vida y sin embargo la vida, la suya –la vida de cualquiera- no alcanza jamás a definirse por ninguna circunstancia, siempre se le escapa”. La propuesta estética de la novela pone al lector frente a esa verdad, la imposibilidad del conocimiento que es en este principio del siglo XXI una de las pocas certezas con las que contamos, hecho que se constata con la repetición de palabras en un mismo renglón, ese movimiento cíclico es el intento de apresar lo inapresable,   de aprehender o descifrar lo que continuará teniendo significados ocultos, verdades apenas rasguñadas, historias silenciadas, cuerpos ocultos, siempre ajenos ante tanto vacío y tanto desborde.




     
María Teresa Andruetto
Nació en A° Cabral, Córdoba, Argentina, en 1954. Publicó
novelas, libros de cuentos, poemarios, ensayos, obras
de teatro y libros para niños. Entre ellos, las novelas La
mujer en Cuestión (DeBolsillo, 2009, traducida al alemán),
Lengua Madre (Mondadori, 2010), Stefano (Sudamericana,
1998) y Tama (Alción, 2003), la nouvelle
Mi madre sobre todo 9/20/10 5:39 PM Página 131
Veladuras (Norma, 2005), el libro de cuentos Todo movimiento
es cacería (Alción, 2002), los poemarios Pavese/
Kodak, Beatriz, Sueño Americano y numerosos libros
para niños, entre los que se encuentran El anillo encantado,
La mujer vampiro, El País de Juan, El incendio,
Campeón, La durmiente y El árbol de lilas.Obtuvo entre
otras distinciones, Premio Novela del Fondo Nacional
de lasArtes, Lista de Honor de IBBY, finalista de los premios
Clarín y Sent Sovi/ Ediciones Destino y en 2009 el
Premio Iberoamericano a la Trayectoria en Literatura
Infantil/Juvenil SM, por la totalidad de su obra para
niños. Modera el blog http://narradorasargentinas.blogspot.
com/www.teresaandruetto.com.ar

1 comentario:

  1. Irma, no leí "la mujer en cuestión" pero sí, "Lengua Madre" que me pareció una novela fascinante, tu crítica me ayuda a completar otra parte de la lectura que se me escapó, relacionada con los recursos y la estructura de la novela y también con la figura del narrador. Me sirve muchísimo querida Irma para trasmitir en mi taller algunos conceptos que a veces no sé como delinear sobre todo el fastidio que me produce desde hace tiempo el narrador omnisciente y la tercera persona. Gracias por brindarme mayores argumentos. Un abrazo y me parece muy valiosa tu lectura.

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