Espiral de Saraswati

viernes, 18 de noviembre de 2011

LIBERTAD DEMITRÓPULOS: DOS POEMAS

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Libertad Demitrópulos (izquierda)  en la ciudad de Santa Fe invierno 1989

Libertad Demitrópulos tenía con la palabra una relación extraordinaria. Algunas páginas de su novela “Río de las congojas” producen un efecto de deslumbramiento e incertidumbre al mismo tiempo. He llegado a pensar que la relación a veces extrema, a veces de inquietud, otras tantas de tensa incomodidad que Demitrópulos sostuvo a la largo de su vida con su propio cuerpo, le enseñaron algo peculiar en este oficio de enhebrar y desenhebrar palabras. Libertad solía decir que si su cuerpo no le hubiera puesto  tantas vallas y limitaciones quién sabe cuán desbordante hubiese sido su proceder.  Las palabras de sus textos relucen y se contienen a la vez de un modo inigualable. Lo grande y lo pequeño del mundo tironean entre sí, como esas mujeres de sus relatos que con una honda dimensión de su interior pelean sus necesidades ante  unos hombres que se explayan sobre el mundo  con voracidad.

Estos son dos poemas que integran su libro “Muerte, animal y perfume” (Ediciones del Dock Bs As 2008, primera edición 1951)



Cada vez que te amo

 Cada vez que te amo me suceden las cosas
más tristes, me aprisionan de lejos,
me golpean a espaldas, veo mariposas.

Cada vez que cumplo con mi sangre en morir
estoy sin perros, paseándome en espejos.
 No puedo consolarme ni dejar de sufrir.

Cuando no te amo y ya me he muerto,
me siento alegre porque me has dejado
crecer de noche y en lo descubierto.

Grito cuando te olvido, sin embargo.
Soy un caballo en pelo y desbocado.
Yo me persigo en un bosque largo.

……..

Bailarina de Delfos

Me alejo de mi corazón
y de pronto la alegría me deja sorda.
Corro ciega, hechizada por el cuerpo,
en un empuje del alma
y los mirlos de mis ojos
arden con un olor de ébano.
Así como si en Siria o en el Líbano,
o en la roja Delfos, el sol se estremeciera,
es el clamor de mi sangre negra.
Quiero gritar, irme volando,
                  retenerme en mi espíritu,
                  amarme como nunca, asesinarme.
                  Y me agita la música
                  sin mi mortal corazón,
                  en medio de toda la tristeza.
                 ¡Con qué pasión el movimiento
                  me contiene sin el tiempo!
                  Mas la tristeza
                 es siempre la nota más profunda,
                 aunque mi locura de alegría
                 ruede en el desorden de mi alma
                 y me aniquile
                 como una música.
                Yo conozco otra tarde en este cuerpo,
                 otra tristeza más muerta.





LIBERTAD DEMITRÓPULOS: DOS POEMAS

.

Libertad Demitrópulos (izquierda)  en la ciudad de Santa Fe invierno 1989

Libertad Demitrópulos tenía con la palabra una relación extraordinaria. Algunas páginas de su novela “Río de las congojas” producen un efecto de deslumbramiento e incertidumbre al mismo tiempo. He llegado a pensar que la relación a veces extrema, a veces de inquietud, otras tantas de tensa incomodidad que Demitrópulos sostuvo a la largo de su vida con su propio cuerpo, le enseñaron algo peculiar en este oficio de enhebrar y desenhebrar palabras. Libertad solía decir que si su cuerpo no le hubiera puesto  tantas vallas y limitaciones quién sabe cuán desbordante hubiese sido su proceder.  Las palabras de sus textos relucen y se contienen a la vez de un modo inigualable. Lo grande y lo pequeño del mundo tironean entre sí, como esas mujeres de sus relatos que con una honda dimensión de su interior pelean sus necesidades antes  unos hombres que se explayan sobre el mundo  con voracidad.

Estos son dos poemas que integran su libro “Muerte, animal y perfume” (Ediciones del Dock Bs As 2008, primera edición 1951)



Cada vez que te amo

 Cada vez que te amo me suceden las cosas
más tristes, me aprisionan de lejos,
me golpean a espaldas, veo mariposas.

Cada vez que cumplo con mi sangre en morir
estoy sin perros, paseándome en espejos.
 No puedo consolarme ni dejar de sufrir.

Cuando no te amo y ya me he muerto,
me siento alegre porque me has dejado
crecer de noche y en lo descubierto.

Grito cuando te olvido, sin embargo.
Soy un caballo en pelo y desbocado.
Yo me persigo en un bosque largo.

……..

Bailarina de Delfos

Me alejo de mi corazón
y de pronto la alegría me deja sorda.
Corro ciega, hechizada por el cuerpo,
en un empuje del alma
y los mirlos de mis ojos
arden con un olor de ébano.
Así como si en Siria o en el Líbano,
o en la roja Delfos, el sol se estremeciera,
es el clamor de mi sangre negra.
Quiero gritar, irme volando,
                  retenerme en mi espíritu,
                  amarme como nunca, asesinarme.
                  Y me agita la música
                  sin mi mortal corazón,
                  en medio de toda la tristeza.
                 ¡Con qué pasión el movimiento
                  me contiene sin el tiempo!
                  Mas la tristeza
                 es siempre la nota más profunda,
                 aunque mi locura de alegría
                 ruede en el desorden de mi alma
                 y me aniquile
                 como una música.
                Yo conozco otra tarde en este cuerpo,
                 otra tristeza más muerta.





miércoles, 9 de noviembre de 2011

CARLOS CHERNOV: ANATOMÍA HUMANA


  

    Me he cruzado con Carlos Chernov  en algunas oportunidades en estos encuentros literarios y hasta en una reunión en la casa de una escritora. Es una persona cálida y agradable y, por supuesto, un estupendo escritor, como ya sabemos, que ha obtenido muchísimo reconocimiento a lo largo de los años. Desde su primera novela, que apareció estruendosamente al ganar el Premio Planeta en el año 1993, ha seguido produciendo y obteniendo más premios. No puedo dejar de decir que  una novela mía fue finalista junto con la de Carlos Chernov aquel año en el que  la suya obtuvo el premio. De modo que leerla fue para mí un motivo de gran interés. Esta aproximación crítica la escribí en el verano de 1994, no bien concluí su lectura. No fue publicada, sí recuerdo que se la entregué a Chernov impresa en computadora, las primeras computadoras que nos deslumbraron. Él fue muy amable y me devolvió su impresión telefónicamente. Pasaron muchos años, siempre pasan los años entre las cuestiones de importancia y nosotros navegamos en el medio de tanta pequeñez y destaque. La vida, como en la novela en cuestión, la vida misma.


                        EL DERRUMBAMIENTO DE LO COTIDIANO
                                          (“Anatomía Humana”-Carlos Chernov-  Ed. Planeta-Bs. As 1993)

      La novela “Anatomía humana” de Carlos Chernov es la huida de un hombre frente a un mundo apocalíptico en el que quedan únicamente mujeres. La propuesta es atrayente y  atrapante desde el inicio. Para aquellos que conocen el psicoanálisis el texto le hace continuamente guiños cómplices. Podría afirmarse que “Anatomía humana” es la gran puesta en escena del cuerpo y sus avatares. Es una ficción construida con seres femeninos que tienen comportamientos masculinos.  Esto ejerce una suerte de fascinación. Se trata de la fascinación de lo extraño y de lo familiar,  es el tan mentado efecto siniestro que se produce al ver de pronto lo que inconscientemente fue ocultado. Tal vez se deba a que en esos seres femeninos que actúan masculinamente se condensa lo femenino-masculino y por ese motivo se produce ese estado fascinante de descubrir que las mujeres perdieron su condición y encarnan lo  masculino travestidamente. Hasta podría pensarse que no son mujeres sino hombres disfrazados de tales. Esto descartando que en la novela se  despliega una gama muy amplia de fantasías eróticas.
     Resulta obvio que desde el punto de vista estrictamente psicológico la novela tiene muchas posibilidades de análisis;  aunque impresiona especialmente la gran intuición de Chernov al poner en escena la problemática básica de fin de siglo: la gran crisis de lo masculino y el avance de lo femenino en un mundo que parece haber agotado las experiencias de poder bajo la égida de lo masculino o, en todo caso, en un mundo en el que ha entrado en crisis un modelo patriarcal, que viene mostrando desde hace bastante tiempo sus fisuras. Sin pretender citar a la new age que ha sido bastante vapuleada por enfoques antagónicos y que le propone a la humanidad desarrollar sus aspectos femeninos tales como la ternura, la sutileza, la intuición, el sentido de protección, una mirada subjetiva o interior, para contrarrestar la agresividad, la competencia, la búsqueda de poder, características típicamente masculinas, dejando de lado también la astrología que nos habla del final de la era pisciana y el nacimiento de la acuariana, podemos decir que desde un punto de vista llamémoslo sociológico, en esta novela se habla del avance de las mujeres en cierto planos al menos nominalmente, de un crecimiento personal que ha dejado a los hombres en un estado de anonadamiento con respecto a su clásico rol. En este sentido la novela de Chernov constituye un acierto. También es un acierto el tono mesurado y melancólico con que nos relata la historia terrible, tremebunda y hasta con  aspectos efectistas. Es una voz que se desliza suavemente y que por momentos parece ahogada, un modo de narrar extraño y natural a la vez que pareciera traducir la propia relación que tenemos con la muerte. Este narrador tan aplacado, tan apaciguado ante el mundo que evoca, está frente a un universo que tiene un peso tan poderoso que no produce espanto, ni siquiera angustia, sino que conduce a un estado de reflexión. El contraste entre la estridencia de la historia y el tono sosegado con que se cuenta va envolviendo y atrapando al lector. Por momentos el relato  nos recuerda a los testimonios de las personas que acaban de salir de la droga: un narrador de grandes ojos y de manos atadas. Los ojos del narrador se deslizan y el efecto está dado por su impotencia, porque si bien es un narrador en tercera  persona parece ubicado en un nivel intermedio, muy cerca del personaje. Es la voz del que está asfixiado por el peso de lo vivido y apenas puede asomar la cabeza para contarlo. No hay el menor atisbo de asombro y sí una enorme dosis de desidia. Es como si alguien recitara algo que había olvidado, algo que estaba preparado para conocer  y vivir desde hace mucho tiempo. Nuevamente es lo extraño de lo familiar.
     La novela trabaja sobre muchos ejes: la relación del ser humano con la muerte, con su cuerpo, con el sexo, la propia identidad, el sentido de la existencia y la idea del amor. El impacto producido por el derrumbamiento de lo cotidiano es un elemento atrayente. Lo cotidiano, la intimidad de lo cotidiano y la repetición, ese soporte de nuestra vida, en la novela ha sido derribado y el personaje no parece buscar nada ni intentar reconstruir lo   irreconstruible sino huir, huir de lo femenino. ¿De lo femenino? ¿O de lo masculino encarnado en cuerpos femeninos?
      Aunque haya atracción y esporádicas búsquedas y deseos eróticos, lo que predomina es la huida. El personaje protagónico, que no hace más que dar pie a la manifestación de un mundo y de lo masculino travestido, se llama Mario, el correlato masculino de María, el nombre que simboliza lo femenino por antonomasia, el equivalente de la Madre Tierra en Occidente. En su vida antes del derrumbe Mario fue mago, es decir el oficio del que simula la verdad, del que procura crear la ilusión, del ilusionista. En el curso de la novela se enfrenta a la verdad cruda: lo real es la destrucción, es la muerte. Pero no es sólo la muerte del mundo conocido, sino la muerte del Padre, la falta de ley, es la pérdida de todos los valores éticos. A medida que el personaje va peregrinando en su huida,  se encuentra con pequeñas sociedades femeninas donde la ley cambia, donde las pautas de convivencia son otras. Es sin duda un fresco del mundo actual de este fin de milenio, desconsiderando, lógicamente, que las mujeres no pueden ser consideradas seres violentos, aunque eso no importa, importan las fuerzas puestas en escena que son las mismas que están moviéndose en este momento. Sabemos que en las características de lo específicamente femenino no figura la lucha por el poder sino la búsqueda de la integración. Se descarta desde ya cualquier parangón entre el universo de la novela y su correlato femenino–masculino  en un referente real, ya que sería simplista analizarla desde la óptica del feminismo machismo. Los personajes son sólo fuerzas que encarnan lo femenino y lo masculino. En este extenso desfile de personajes, digamos que femeninos, no se detectan matices ni sutilezas. El perfil es siempre de un solo trazo. Las mujeres son salvajes y así permanecen, no evolucionan, están fijas en su rol, un solo rasgo las recorta de lleno, son fuerzas que actúan para impulsar al protagonista a que continúe su peregrinación.
    El concepto de ser humano que subyace es el del ser humano biológico y sexuado. El ser humano llevado a su condición más animal: cuando se plantea la búsqueda de la trascendencia aparece ridiculizada o raya con la locura. Da la impresión de que frente a los grandes colapsos no existiera la menor posibilidad de redención sino el agotamiento de la carne. Esto lleva a pensar que la única salida con la que  cuentan los personajes de la novela es quedarse encerrados entre dos alternativas opuestas e irreconciliables, aún cuando las dos puedan constituir salidas válidas. Como ha sucedido siempre en todos los órdenes de la vida, debe producirse un proceso de caída de lo viejo para que lo nuevo tenga su espacio,  aunque posiblemente produzca un cierto rechazo pactar con universos literarios en los que las resoluciones son tan unilaterales. Toda crisis a lo largo de la historia dio lugar a una transformación de la mentalidad humana. En este sentido  podría pensar que el libro parcializa la visión de los hechos, en tanto está constreñido a una visión   cientificista, aunque observado desde otro ángulo, podría decirse que siguiendo la tradición de la novela existencialista, la pintura del desamparo del hombre en su condición, la desolación que es la falta de esperanza, le dan vuelo. Claro que siempre queda flotando la ausencia de ese algo más, que tal vez sea la imposibilidad de construir una ilusión y es lo que produce finalmente el efecto estético..
     En este fresco tremebundo de la novela, en el mejor sentido literario de la palabra, a veces la narración decae en lo meticuloso y explicativo, en aclaraciones que bien podrían haberse obviado. El texto pierde eficacia al acercarse al informe sanitario o al caso clínico. El discurso literario ve diluida de pronto su eficacia al deslizarse hacia otras zonas. Como resultado el texto tiene  una belleza digna de una película de Antonioni y en otros fugaces momentos ciertos detalles parecen vagos pantallazos de una película grotesca. Me atrevería a decir que esa insistencia machacona responde a la visión muy focalizada: la gran manifestación de la materia: el cuerpo, el sexo, el alimento. La ausencia de todos los otros planos del ser humano produce probablemente ese efecto de fascinación, reforzado por el descenso a la condición animal, hábilmente tratado por un narrador que se aleja del de la ciencia ficción tradicional gracias a un tono distante que roza apenas la parodia para mantener en todo momento esa mesura. Tanta acumulación de derrumbes, al cabo de cuatrocientas páginas, genera una suerte de alivio. Se tiene la sensación de hundir la mano en el texto y encontrarlo todo como en un retrato de El Bosco. Es lo desmesurado, es lo esperpéntico relatado con cierta suavidad, como si ya no importara nada. Es el efecto de lo terrible, lo devastador, lo cruel, lo violento, lo puramente animal sin la presencia de ningún contraste estético. Seguramente lo que cautiva es la presencia desnuda del mal que finalmente crea una armonía en la que no hay disonancias.
    Esta novela expresa el punto más alto de un modelo de pensamiento que está casi por precipitarse en la hondonada que le permitirá tomar impulso y producir un cambio. El imaginario social con su pérdida de valores éticos, su extremo individualismo, su confusión de roles sexuales, sus amenazas atómicas, su terrorismo y desequilibrios ecológicos, encuentra en el imaginario de esta novela su correspondencia. Aún está por contarse la historia desde el otro lado, con una mirada feminizada y no necesariamente escrita por una mujer sino desde una óptica femenina. Este narrador que mira la vida desde la trastienda, nos ha pintado un aspecto interesante del panorama de fin de milenio,  mostrando una  visión que al parcializarse deja afuera a los que confiamos en que la crisis del racionalismo está dando paso a la profunda transformación en la visión del mundo, a una visión más integradora en la que el ser humano no es sólo materia y psiquis sino algo más. Como toda etapa final de un proceso de evolución en la mentalidad humana, este momento de derrumbe dará cabida a otro que será afortunadamente superador. Y es esta visión la que va a permitir la supervivencia de la especie y no otra. De modo que ocuparse  de esta novela que obtuvo el Premio Planeta de Argentina a principios de los noventa  y que además fue reeditada posteriormente, no carece de vigencia, ya  que es ante todo un signo de estos tiempos. Podríamos incluso comparar los recursos que utiliza la novela y los de las series televisivas para descubrir que aunque se parecen, el efecto producido es diferente. Lo que impacta es la visión del mundo y del ser humano que hasta en sus más mínimos detalles expresa a la mayor parte de la humanidad: nos presenta a un hombre maniatado que mira la lucha por el poder. El protagonista se convierte aquí en espectador del mundo, de un mundo caído, pero de un mundo al fin. Ese es el lugar que ocupa cada ciudadano relativamente anónimo, el lugar que ocupan las mujeres y muchos otros grupos que conforman minorías de cualquier índole. Paradojalmente en la novela está ausente todo carácter femenino, podría decirse que es casi una novela sin mujeres: es una novela que plantea la imposibilidad del amor, es decir en la que triunfa la muerte. No hay ley, no hay Padre, no hay amor. En este sentido, además del hallazgo del tono del narrador y sus momentos fulgurantes, “Anatomía humana” es una muy buena alegoría de nuestro estado de conciencia en este particular momento histórico.
                                                              

Carlos Chernov (Buenos Aires, 1953) es médico psiquiatra y psicoanalista. Ganador del Premio La Otra Orilla 2008, Ganador del Premio Planeta de Argentina 1993.Autor de cuentos y novelas, ha publicado los libros de relatos Amores brutales (1992; Punto de Lectura, 2005), que recibió en 1992 el Premio Quinto Centenario del Honorable Concejo Deliberante, y Amor propio (Alfaguara, 2007); y las novelas Anatomía humana (1993; Punto de Lectura, 2005), Premio Planeta de la Argentina 1993, La conspiración china (1997), La pasión de María (Alfaguara, 2005) y El amante imperfecto (2008, Premio La Otra Orilla). Por la novela El desalmado ha recibido el Premio Único de Novela Inédita de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Sus textos han sido traducidos al inglés, al italiano y al francés. Reparte su tiempo entre el ejercicio de la literatura y el psicoanálisis.


                     

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